Mi casero, el pobre, es muy amable

quiebraMi casero, que tiene por principal ocupación en la vida recaudar por transferencia bancaria los 1.300 euros del arrendamiento de dos pisos heredados de sus padres, me ha subido siete euros al mes el alquiler. Vino el viernes a traerme las facturas atrasadas del agua y me pilló solo en casa -mi mujer estaba fuera en un concierto: ahora sólo vamos uno de los dos al teatro, para ahorrarnos una entrada-. Así que me lo comunicó y, verdaderamente, los dos pasamos muy mal rato.

Sobre todo él, el pobre.

Se justificó, apesadumbrado, con que todos los gastos suben. Lo dijo con un susurro casi inaudible, como si de veras estuviese sufriendo: “Es que todo sube”. Yo me quedé sorprendido y preocupado: debe de ser que sólo le suben a él los gastos, porque el resto de los españoles, al menos aquí en Guadalajara, pagamos cada día menos. ¿Qué podía hacer yo, en mi situación? Pues apechugar, en un ejercicio de responsabilidad. Como a mí no me suben el gas, ni la luz, ni la matrícula de la universidad, ni los precios de la leche, los huevos y la gasolina, le tuve que decir que no se preocupase, que no hay problema, que él tiene todo el derecho del mundo a querer ganar unos euros más a mi costa.

“Está en su derecho a pedir más”, me diríais cualquiera de vosotros. “Es que los precios de los alquileres están subiendo mucho”. Si estuviésemos en un teatro griego, el coro cantaría: ”¡Son los mercados!”. Tampoco a mí se me ocurrió una manera más justa para que compensásemos sus pérdidas.

Yo sé que mi casero (no debería decir por aquí que responde a las siglas de J.M.A. porque parecería un delincuente y porque además Guadalajara es un pañuelo y pueden reconocerte) sabe que en casa estamos desde hace medio año sin ingresos fijos. Lo sabe, pero como él es muy educado, y además es psicólogo (tampoco debería decirlo por aquí) pues prefirió no aludir al tema y se limitó a pedirme siete euros más al mes. Y, para evitar el silencio incómodo que sucedió a su sugerencia de acuerdo amistoso, en otro gesto de amabilidad me preguntó qué tal estaban mi mujer y mi hijo. Fue lo último que dijo antes de recibir el portazo en el umbral de mi casa. O de la suya.

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Acerca de RM1980

Rubén Madrid, periodista nacido en Madrid (1980), ejerce desde finales de los noventa. Tras sus estudios en la Complutense ha desarrollado labores de redactor en medios de Madrid, Murcia, Asturias y Guadalajara. Hasta mayo de 2012, fue jefe de la sección de Provincia en El Día de Guadalajara. En los últimos años ha colaborado en diversos medios como periodista freelance, ha recibido el Premio de Periodismo de Medio Rural de la APG y la Diputación por un reportaje en Cultura EnGuada, de la que fue fundador y colaborador habitual. Su verdadera vocación era ser dibujante de mapas. Actualmente está acabando los estudios de Sociología en la UNED. Ha recibido los premios Libertad de Expresión (2011 y 2015), Medio Ambiente Industrial (2011) y Medio Rural (2014) de la Asociación de la Prensa de Guadalajara. Ha desarrollado también labores de comunicación para festivales culturales de Guadalajara y en la Consejería de Cultura de CLM. En Twitter, @Rb_Madrid.
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