Podemos se anota tres puntos en su debut

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Carolina Bescansa con su bebé, junto a Pablo Iglesias e Íñigo Errejón. / Foto: ULY MARTIN – EL PAIS.

Podemos lleva año y medio marcando la agenda política de este país. Y lo ha vuelto a hacer en el estreno de la legislatura. Detrás de la estampa de Carolina Bescansa con su bebé, de las rastas, de los cuellos despejados de corbatas, de los ademanes desinhibidos entre los escaños y de sus juramentos por la tangente hay una triple victoria: le robaron la foto de portada a Patxi López, volvieron a sacar lo peor de la España casposa y esquivaron cualquier parecido con aquello que siempre denunciaron: la casta.

La foto de portada de la sesión constitutiva en el Congreso debió ser para Patxi López, nuevo presidente del Congreso, pero fue para Iglesias; o para Bescansa; o para Iglesias, Bescansa, su niño y Errejón. Detrás del gesto, que además ha suscitado un debate a ratos interesante sobre el papel de la mujer trabajadora en nuestro país, hay una operación redonda de mercadotecnia política (por qué no llamarlo propaganda). Nada más debutar en la plaza, Podemos mostró el capote y los morlacos embistieron. Primer objetivo conseguido.

Luego está el cómo. El cómo han embestido las bestias. El modo en que unas escenas de cotidianidad absoluta –como si al congreso hubiesen entrado los paisanos que paseaban diez minutos antes por la calle– han soliviantado a la casta, con una reacción en directa proporción a su caspa. Otra vez marcando el paso en el debate. Provocando una ola de odio de esa misma España rancia que les decía que en vez de acampar había que presentarse a las elecciones. Pues ahí los tienen: 69 diputados.

Y sin corbata. Una apariencia con la que han logrado enviar otro mensaje todavía más poderoso: siguen siendo los chavales del 15M. Tras esta afirmación puede haber toneladas de discusión, pero el mensaje es inequívoco. No son aquellos diputados que no nos representaban del PPSOE. Ni tampoco esos ‘Ciudadanos’ que demasiado pronto se diluyen entre los de siempre y cuyos únicos gestos de frescura sean acaso, como la diputada alcarreña Orlena de Miguel, un ‘selfie’ para colgar en el Facebook y que los amigos le den al ‘me gusta’.

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El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, tras prometer su cargo como diputado. / Foto: MARTA JARA – ELDIARIO.ES

La fotografía de Marta Jara en la que Iglesias sale a tomar posesión mientras le observa el socialista Barreda literalmente apoltronado en su escaño, es lo suficientemente elocuente. Es el gesto de un tipo entre abatido y acomodado, de un hombre que esa mañana se ha vestido impoluto y se ha anudado la corbata como corresponde a los cánones para jugar un papel determinante en el destino de nuestro país. Observen cómo mira el propio Barreda a Iglesias, que irradia energía con su puño en alto. Dice tanto la imagen de Barreda, con esa pose de solemne dignidad que pareciera que puede resquebrajarse con sólo tocarla… También hay que fijarse en estos otros gestos.

Lo que se vio en el Congreso en su primera sesión es que allí sigue la España que quiere que sus instituciones sean –y se parezcan- como el discurso de Navidad del Rey en el salón del trono; y junto a ella, ya dentro y no fuera, la España que quiere que sus instituciones se parezcan –y quizá acaben así por ser- a un vagón del metro de Madrid.

Precisamente aquí estaba en juego para Podemos otro punto en clave interna, la parte de los gestos dedicada a su público: el día del estreno los recién llegados sabían que no podían dar a pie a que nadie les acuse de parecerse –y tal vez de acabar siendo- a la casta. Tengo la impresión de que la principal intención de estos ‘diputados de la calle’ fue no confundirse, ahora que tendrán que mezclarse en los mismos pasillos, con esa clase política de la que renegaban quienes acamparon en Sol, quienes rodearon precisamente el Congreso, ese congreso incapaz de dar salida –pongamos por caso- a una iniciativa popular con un millón y medio de firmas para evitar los desahucios.

El titular del ABC del jueves pudo ser “ya son casta”, pero Podemos lo evitó. En su debut en el Congreso se anotaron tres puntos.

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Acerca de RM1980

Rubén Madrid, periodista nacido en Madrid (1980), ejerce desde finales de los noventa. Tras sus estudios en la Complutense ha desarrollado diversas labores de redactor en medios de comunicación de Madrid, Murcia, Asturias y Guadalajara, donde reside. Hasta mayo de 2012, año en que recibió los premios Libertad de Expresión y de Medio Ambiente Industrial de la Asociación de la Prensa de Guadalajara, fue jefe de la sección de Provincia en El Día de Guadalajara. En los últimos años viene colaborando en diversos medios de comunicación como periodista freelance y ha recibido el Premio de Periodismo de Medio Rural de la APG y la Diputación por un reportaje en Cultura EnGuada, de la que es fundador y colaborador habitual. Cuentista, rayista, dibujante de mapas, papá-clown y marinero en tierra son otras de sus ocupaciones confesables. Actualmente estudia Sociología en la UNED. Ha recibido los premios Libertad de Expresión (2011 y 2015), Medio Ambiente Industrial (2011) y Medio Rural (2014) de la Asociación de la Prensa de Guadalajara. En Twitter, @Rb_Madrid.
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