El periodista es el mensaje

Dejo aquí la versión larga y original del texto con el que he colaborado en la sección ‘Cuadernos de periodismo’ del Anuario de la Asociación de la Prensa de Guadalajara y en la que no aparecen algunos de los párrafos que siguen:

Sabemos que el periodismo es una adicción porque cuando llevamos un tiempo sin ejercerlo nos entra el tembleque. Por eso, y porque muchos no sabemos ganarnos el pan de otra manera, esta crisis económica y del papel y de la credibilidad del periodista… nos ha empujado a impulsar nuestros propios proyectos, con webs y blogs. El problema es que hemos desembarcado en un universo virtual en el que cualquiera abre una ventana y grita al mundo sus historias, que es lo que hasta hace poco hacíamos nosotros en exclusiva. Y nuestra nueva competencia lo hace gratis, porque no necesita comer de ello. De modo que los periodistas recién llegados al mundo virtual tenemos que escoger entre dos opciones: un periodismo de domingueros, viviendo de otra cosa y escribiendo –como el que pinta o hace encaje de bolillos– en los ratos libres para calmar el síndrome de abstinencia; o dejarnos media vida en el infatigable intento de llenar la nevera sin renunciar a la auténtica vocación. Lo primero es un pasatiempo; lo segundo, un reto.

En un mundo donde los grandes medios tienen también sus propias plataformas digitales, donde hay muchas más que entremezclan publicidad, propaganda política y foros de opinión, donde hay revistas y blogs especializados en casi todo tipo de temas, donde cada cual tiene su blog personal, su cuenta en Twitter y accede directamente a las fuentes –la web de su ayuntamiento, del INE, de su centro comercial, de su equipo de fútbol–… ¿qué demonios pinta el periodismo? ¿Añadir más ruido al ruido?

Iñaki Gabilondo opina en ‘El fin de una época’ que la misión consiste, en realidad, en reducir el ruido, que el periodismo es necesario ahora mismo “del mismo modo que ante una inundación lo más urgente es el agua potable. Potabilizar la información será, por tanto, una de las tareas más importantes”.

No ha sido el único en destacar esta función filtradora o depuradora en el maremagnum de informaciones que nos ha sobrevenido en la llamada ‘era de la información’. El reportero polaco Ryszard Kapuscinski (está en ‘Los cínicos no sirven para este oficio’) dijo hace ya quince años que “las nuevas tecnologías facilitan enormemente nuestro trabajo, pero no ocupan su lugar. Todos los problemas de nuestra profesión, nuestras cualidades, nuestro carácter artesanal permanecen inalterables. Cualquier descubrimiento o avance técnico pueden, ciertamente, ayudarnos, pero no pueden ocupar el espacio de nuestro trabajo”.

Estas nuevas tecnologías abren un abanico de posibilidades; si es cierto que la gratuidad de la información de muchos portales de internet ha dado la puntilla al papel, también están ofreciendo hoy oportunidades a profesionales que intentan reengancharse al oficio sin tener que poner sobre la mesa el enorme capital que tradicionalmente era imprescindible para fundar cualquier cabecera. Es posible que nunca haya habido tantos medios de comunicación dirigidos por periodistas, y esto puede ser muy bueno para el periodismo.

Gabilondo y Kapunscinski vienen a rebatirle a McLuhan aquella frase que nos caló tan hondo de que “el medio es el mensaje”. Porque no lo es. O no debería serlo.

Cualquier tipo que se abre un blog no hace periodismo, como tampoco es músico el sereno que toca un pito. El periodismo es una condición, no una herramienta. En este caso podemos decir que el periodista, y no el medio –el blog, la web– es el mensaje. Hay y habrá tuiteros mucho mejores que nosotros. Hay y seguirá habiendo blogueros que nos dan mil vueltas comentando una película o un partido de fútbol. Pero el periodismo es otra cosa que nadie puede hacer mejor que un periodista: tenemos –y debemos demostrarlo– un modo de mirar y de contar que nos hace ‘únicos’. Tenemos o debemos tener la empatía con los perdedores, tenemos o debemos tener un espíritu crítico y la capacidad de contrastar. El periodista, nos lo dijo el ‘paisano’ Leguineche en un librito para estudiantes, ejerce las 24 horas del día, tiene dedicación exclusiva –aunque sin dietas como en el Congreso– y se destaca por una incesante renovación de conocimientos, más aún en un mundo tan cambiante como el actual. Esta forma de hacer, se diría que de vivir, traza las fronteras con cualquier otro escribidor de contenidos digitales.

No hablamos en abstracto. A raíz de la crisis se han puesto en marcha numerosos laboratorios de periodismo. Hay proyectos en internet como Eldiario.es, Infolibre, Jot Down, CTX o FronteraD que, desde perspectivas muy opuestas, hacen un periodismo de altísimo nivel. En Francia, Mediapart, nacido en 2008 y con 100.000 suscriptores, es un medio independiente, de opinión y de periodismo de investigación cuyo modelo de financiación pasa únicamente por las suscripciones. Muchos de los medios que los imitan en España están abriendo sus sucursales locales y hacen incluso incursiones en papel con productos de calidad. Y sus ejemplos alientan a periodistas locales que, con la única fórmula del ensayo-error, ponen en marcha sus propios proyectos confiando en la palabra, una vez más, del maestro Kapuncinski, para quien, a la larga, el lector es “justo” y reconoce la calidad: “saben que de ese nombre [un periodista, un medio] van a recibir un buen producto”. Es lo que ha sucedido con Mediapart: “Es posible hacer un periodismo riguroso y cuadrar los números”, le dijo Marius Carol, director de La Vanguardia, al entregar el año pasado a este digital francés el premio Jaume Arias de periodismo.

Abro un paréntesis: no basta con hacer periodismo, sino que hay, por supuesto, que adaptarse al formato, hay que crear estilo. Los periodistas debemos hacer el esfuerzo de abrir el verdadero camino del periodismo digital, que no puede ser una mera trasposición de los contenidos del papel a un formato virtual. Del mismo modo que no son iguales los titulares de un informativo de televisión que los de la portada de un periódico, tampoco las entradillas o las estructuras de las piezas de los digitales pueden ser idénticas que en las gacetas. No tiene sentido la estructura piramidal, no necesitamos ya repetir tres veces la idea principal en el titular, en el subtítulo y en el primer párrafo… seguramente hay que hacer párrafos más cortos y hay que aprovechar los beneficios de la intertextualidad, dar el salto de la maquetación al diseño, integrar galerías de fotos, infografías y vídeo. Pero es que muchos de los medios antes citados ya lo están haciendo.

La pregunta del millón, no obstante, es la de siempre: ¿y todo esto del periodismo como sello distintivo es rentable? El periodismo comprometido con la explicación de las cosas es inútil para los anunciantes, que sólo quieren los lectores con independencia de los contenidos. Tampoco es útil, al menos a corto plazo, para los partidos que controlan las instituciones, para quienes el periodismo resulta incluso incómodo en su estrategia por permanecer en el poder o hacerse con él.

El periodismo sólo es útil, en realidad, para los ciudadanos, que son precisamente quienes no pagan. Por eso resulta caricaturesco observar cómo lectores que consumen gratis la información reprochan a veces a los medios, financiados por anunciantes e instituciones, su falta de crítica con éstos. Evidentemente, hay que resolver esta enorme contradicción y el ciudadano deberá rascarse el bolsillo. Por ahí van muchos de los tiros. Pero el debate es inagotable y aquí el periodismo local lo tiene aún más difícil, porque nunca va a lograr el respaldo de 100.000 suscriptores.

La fórmula, seguramente, tiene que pasar por un mayor equilibrio entre apoyo institucional, comercial y de los lectores. Lo primero exige la deportividad de los políticos que, al menos en Guadalajara, no existe, y me remito a las infames pruebas que llegan a nuestros buzones. Lo segundo llegará en la medida en que un medio tenga lectores. El ciudadano tiene el cometido de respaldar con sus visitas, pero también con un consumo remunerado, el buen periodismo.

En toda esta enorme readaptación, el periodismo ejercido con responsabildiad, compromiso y profesionalidad no es una condición suficiente, pero desde luego es una premisa indispensable.

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Acerca de RM1980

Rubén Madrid, periodista nacido en Madrid (1980), ejerce desde finales de los noventa. Tras sus estudios en la Complutense ha desarrollado diversas labores de redactor en medios de comunicación de Madrid, Murcia, Asturias y Guadalajara, donde reside. Hasta mayo de 2012, año en que recibió los premios Libertad de Expresión y de Medio Ambiente Industrial de la Asociación de la Prensa de Guadalajara, fue jefe de la sección de Provincia en El Día de Guadalajara. En los últimos años viene colaborando en diversos medios de comunicación como periodista freelance y ha recibido el Premio de Periodismo de Medio Rural de la APG y la Diputación por un reportaje en Cultura EnGuada, de la que es fundador y colaborador habitual. Cuentista, rayista, dibujante de mapas, papá-clown y marinero en tierra son otras de sus ocupaciones confesables. Actualmente estudia Sociología en la UNED. Ha recibido los premios Libertad de Expresión (2011 y 2015), Medio Ambiente Industrial (2011) y Medio Rural (2014) de la Asociación de la Prensa de Guadalajara. En Twitter, @Rb_Madrid.
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