El juego de los espejos

La-mujer-locaLa mujer loca • Juan José Millás • Seix Barral

Recordarán esa tradicional sala de espejos de los parques de atracciones en la que uno descubre su propio rostro y su cuerpo multiplicados en numerosos reflejos, casi siempre deformantes, por todos los costados hacia los que se proyecte la mirada. La literatura de Juan José Millás tiene mucho de ese expresionismo que nos convierte en enanos achaparrados o agiganta sólo algunas partes visibles –pero también las invisibles- de nuestro ser. Su continua reflexión sobre la identidad –el gran tema del escritor madrileño– y su abordaje de las diferentes caras que nos muestran la realidad y la ficción (si es que no son lo mismo) son llevados en su última novela, ‘La mujer loca’, hasta los extremos.

Porque habitualmente Millás se ha valido de la confusión entre la ficción y la realidad para manejar a su antojo a los personajes y, con ellos, a los lectores. Su modo de entender la literatura tiene mucho de juego, aunque de un juego casi nunca trivial, a veces incluso siniestro. Ahora bien, la realidad de sus libros era siempre la realidad de la ficción, el plano que asignábamos a lo verdaderamente existente dentro de las propias normas del artificio, de ingenio, de lo inventado. Lo otro, los personajes improbables, los sucesos imposibles pero que sucedían en las páginas, era lo que teníamos por ficción. Y en la confusión de una y otra dimensión andaba el juego.

Esta vez Millás va más allá. Porque en su juego de espejos nos propone una novela en la que la realidad lo es más que nunca, como si ya no formase parte de la ficción. Él mismo aparece como personaje. Y el relato, en cambio, resulta más ficticio que nunca, al presentar a una mujer que delira no ya con imágenes obsesivas o recuerdos de su pasado, sino con palabras, que son la materia de la que están hechos no sólo sus sueños, sino su propia existencia como personaje literario… Y aquí reside la vuelta de tuerca a la reflexión sobre la identidad.

Las alucinaciones verbales de Julia, la mujer loca con la que arranca la novela, son excesivas. El realismo pretendido de la historia del propio Millás que nos habla es, por su parte, sórdido como la vida misma, o como el final de la vida, la muerte, y en este caso la muerte más racional de todas: la que se practica uno mismo.

No es la primera vez, por supuesto, que Millás juega con las palabras en su obra. Tampoco es novedoso el modo en que nos retuerce la realidad. ‘La mujer loca’ es una novela de interiores e interioridades, tal vez por ello más oscura que nunca, en la que las costuras del relato nos quedan a la vista, descubriendo el autor el modo en que ha construido la historia, una técnica muy explotada en los últimos tiempos por los novelistas españoles de la generación de Millás, que dejan visibles los cimientos de la arquitectura narrativa.

Aunque el autor se explica e intenta hacer lo posible por justificar el modo en que ensarta las dos partes evidentes en que se divide la novela, la que protagonizan primero Julia y la que protagoniza después el propio narrador (si bien ambos aparecen como secundarios en partes opuestas) ‘La mujer loca’ acaba por conformar un doble relato cosido por hilos muy débiles. Millas abre muchas sendas pero no profundiza en casi ninguna de ellas.

La historia de Julia, la pescadera que alucina con la gramática, se apaga por sí sola y su solución definitiva tampoco justifica una desmedida atención inicial para el peso que acaba teniendo en el conjunto de la obra. El libro queda así descompensado, con dos relatos a medio escribir, el primero porque se pasa de frenada y el segundo porque camina siempre tirando del otro. Hay pasajes de ingenio, sobradas muestras de oficio, pero el ambicioso proyecto de Millás de llevar su literatura hasta límites inexplorados se queda varado en tierra de nadie. El salto a la gran novela de novelas que aquí busca se le resiste a Millás, indiscutible maestro en las distancias cortas.

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Acerca de RM1980

Rubén Madrid, periodista nacido en Madrid (1980), ejerce desde finales de los noventa. Tras sus estudios en la Complutense ha desarrollado labores de redactor en medios de Madrid, Murcia, Asturias y Guadalajara. Hasta mayo de 2012, fue jefe de la sección de Provincia en El Día de Guadalajara. En los últimos años ha colaborado en diversos medios como periodista freelance, ha recibido el Premio de Periodismo de Medio Rural de la APG y la Diputación por un reportaje en Cultura EnGuada, de la que fue fundador y colaborador habitual. Su verdadera vocación era ser dibujante de mapas. Actualmente está acabando los estudios de Sociología en la UNED. Ha recibido los premios Libertad de Expresión (2011 y 2015), Medio Ambiente Industrial (2011) y Medio Rural (2014) de la Asociación de la Prensa de Guadalajara. Ha desarrollado también labores de comunicación para festivales culturales de Guadalajara y en la Consejería de Cultura de CLM. En Twitter, @Rb_Madrid.
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