Un debate para adeptos al régimen

Rajoy posa con el gesto de la victoria en el Congreso. / Foto: Efe.

Rajoy posa con el gesto de la victoria en el Congreso. / Foto: Efe.

El debate sobre el estado de la nación ha vuelto a poner de manifiesto la existencia de las dos Españas. No son las dos de Machado ni las que en esta exasperante restauración turnista cierran filas en torno al partido conservador y al liberal, sino entre esas dos mitades conformadas por aquellos políticos, medios de comunicación y ciudadanía que admiten las reglas del juego y los que, en cambio, pasan olímpicamente o lo critican abiertamente. La España satisfecha con el sistema y la que no.

De la primera, claramente en declive pero todavía dominante, hay sobradas pruebas. Es la España del bipartidismo, la que plantea el debate como un concurso a dos bandas en las que gana Rajoy o gana Rubalcaba o ganan los dos según quien diga quién gana. Es la prensa satisfecha, anclada en una crónica parlamentaria deudora de las promesas de la transición, cuando éramos jóvenes y corríamos delante de los grises, pero que a base de almuerzos en las inmediaciones del Congreso ha olvidado que ese parlamento no es un teatrillo, por mucho que se le parezca, sino un foro para abordar políticas públicas.

Durante las tres jornadas de este último debate sobre el estado de la nación ha habido tiempo y oportunidad de explorar asuntos que han quedado fuera de la agenda incomprensiblemente o que los medios de comunicación han obviado. Por poner sólo el ejemplo más sangrante, no se puede concebir el peso que ha tenido el asunto catalán con respecto a los recortes en políticas educativas, sanitarias o de dependencia, en la que nos va la vida (a veces, literalmente) a tantos. Tampoco se entiende que la confrontación entre los dos principales líderes remita casi exclusivamente a confrontar dos modelos de solucionar los problemas de la ciudadanía en plena crisis que han mostrado su absoluto fracaso.

A menudo esta escasa relación entre lo que se debate y lo que interesa a los ciudadanos se traduce en la falta de interés para seguir una cita que supone una excelente oportunidad para hablar de lo que importa y para involucrar al ciudadano en el debate político.

Pero no es sólo culpa de los políticos. Los principales medios de comunicación del país tienen tanta o más culpa sobre el pésimo libreto de la farsa que nos llega a los ciudadanos a través de televisiones, radios, webs y periódicos. En la mañana del jueves, durante la votación de resoluciones en el Congreso, ha habido más titulares para reseñar la equivocación de nueve diputados del PP en el Parlament de Cataluña al emitir su voto que sobre asuntos de vital importancia que se debatían en Madrid, entre ellos inmigración o la Ley de Seguridad Ciudadana.

La anécdota o la frase ingeniosa pero hueca sigue jugando un papel determinante si conecta con la lógica de la regañina bipartidista que tanto gusta a la prensa satisfecha y que ahoga cualquier atisbo de debate interesante sobre asuntos primordiales. Así pasa que cuando los portavoces de los partidos minoritarios están ofreciendo su análisis en la primera jornada, la atención mediática está centrada en la cansina disyuntiva de quién ha ganado el debate, si el presidente Rajoy o el opositor Rubalcaba. No hay vida al margen del bipartidismo.

El planteamiento es absurdo y sólo contribuye a alimentar una partidocracia hueca. Que el presidente del gobierno venda un mensaje de optimismo adecuando los datos que así se lo respalden, resulta obvio. Tampoco hay que esperar a escuchar la intervención del portavoz del principal partido de la oposición para saber que dibujará un panorama catastrofista, y en su caso tiene muchos más datos a mano para adornar su discurso. Estadísticas, como colores, habrá siempre para todos los gustos.

Pero no es de eso de lo que deberíamos estar hablando. De hecho, no es cierto que se debata sobre el estado de la nación, sino que se asiste a una ‘re-presentación’ de la disputa bipartidista de cada día; no gana nadie (ni unos ni otros) cuando tres jornadas de debate parlamentario se saldan con el rotundo fracaso de no pactar políticas de interés para los ciudadanos, sin un acuerdo útil ante tanta problemática social. Cada año por estas fechas se levanta el telón de una opereta que entretiene a los de siempre y merma la paciencia del resto. El debate sobre el estado de la nación es, lo sabemos de sobra a estas alturas, sólo un debate para adeptos al régimen.

Anuncios

Acerca de RM1980

Rubén Madrid, periodista nacido en Madrid (1980), ejerce desde finales de los noventa. Tras sus estudios en la Complutense ha desarrollado labores de redactor en medios de Madrid, Murcia, Asturias y Guadalajara. Hasta mayo de 2012, fue jefe de la sección de Provincia en El Día de Guadalajara. En los últimos años ha colaborado en diversos medios como periodista freelance, ha recibido el Premio de Periodismo de Medio Rural de la APG y la Diputación por un reportaje en Cultura EnGuada, de la que fue fundador y colaborador habitual. Su verdadera vocación era ser dibujante de mapas. Actualmente está acabando los estudios de Sociología en la UNED. Ha recibido los premios Libertad de Expresión (2011 y 2015), Medio Ambiente Industrial (2011) y Medio Rural (2014) de la Asociación de la Prensa de Guadalajara. Ha desarrollado también labores de comunicación para festivales culturales de Guadalajara y en la Consejería de Cultura de CLM. En Twitter, @Rb_Madrid.
Esta entrada fue publicada en Crónicas y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s