El paraíso perdido de Sebastiao Salgado

Foto: Sebastiao Salgado / Taschen.

Foto: Sebastiao Salgado / Taschen.

La naturaleza es hermosa cuando la civilización se aparta de ella. La aritmética imposible del cosmos está encerrada en la distribución de unas cebras abrevando en la orilla del río, que reflejan sus cuerpos fibrosos y rayados sobre el espejo tembloroso de las aguas. El sol y el viento se bastan  por sí mismos para esculpir Notre Dame en hielo sobre el mar. El plano más inquietante del cine de alienígenas está contenido en el zoom que atrapa la garra de una iguana sobre tierra húmeda y en la película queda grabado a fuego el presagio de un cielo plomizo que caerá sobre nuestras cabezas de pájaros bobos. La ceremonia de la naturaleza exuberante está en las plantas, en los animales y por supuesto en los seres humanos que se mantienen en armonía con el entorno, esos indios que tanto se parecen a nuestros ancestros, animales sobre dos patas que pasean sus divinos adornos y que laboran sin prisa pero sin pausa: son Eva y Adán en taparrabos, el mono sabio convirtiéndose en el rey de la selva, el primer pescador que sale al encuentro de los peces en un amanecer eterno de playas vírgenes a la espera de robinsones.

Foto: Sebastiao Salgado / Taschen.

Foto: Sebastiao Salgado / Taschen.

Sebastiao Salgado, Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 1998, expone hasta el 4 de mayo en el edificio Caixaforum de Madrid una colección de 245 instantáneas que ha titulado ‘Génesis’ y que son cosecha de ocho años de viajes por todo el mundo, 32 expediciones (por las Islas Galápagos, el polo sur, Madagascar, El Congo, Siberia, los cañones del Colorado o la Selva del Amazonas, y más) que se ordenan en cinco bloques para el visitante: ‘La Antartida y los confines del sur’, ‘Los santuarios’, ‘Africa’, ‘Las tierras del norte’ y ‘La Amazonia y el pantanal’.  De los reinos de hielo hasta los desiertos de fuego. Lugares donde la naturaleza todavía no ha perdido la partida. Por ahora. Pruebas irrefutables de que existen todavía unas cuantas maravillas del mundo que para serlo no demandan por nuestra parte más que una orden de alejamiento.

El artista brasileño, que trabajó para la prestigiosa agencia Magnum hasta 1994, año en que fundó Amazonas Images, su propia compañía, ha contado en el prólogo del álbum editado con sus fotografías de esta investigación que su nuevo trabajo se originó a partir de una experiencia personal. Cuando Salgado regresó a finales de los noventa a su tierra natal, el valle del Doce, para afincarse allí definitivamente, descubrió que todo el paisaje natural de su infancia había quedado devastado. Bosques tropicales arrasados, especies exóticas desaparecidas… En vez de resignarse, su mujer y él decidieron poner en marcha un proyecto de reforestación con ejemplares autóctonos de vegetación que, con el tiempo, han atraído de nuevo a la fauna y han devuelto un aspecto ‘natural’ a esta finca de setecientos metros cuadrados. Ahora esos terrenos son espacio protegido.

De esta experiencia brotó una pregunta. ¿Cuántos lugares del mundo permanecen intactos y sobreviven a la abrasiva amenaza del hombre blanco?

El fotógrafo brasileño ante el álbum de fotografías en blanco y negro. / Foto: Taschen.

El fotógrafo brasileño ante el álbum de fotografías en blanco y negro. / Foto: Taschen.

El fotógrafo ha salido esta vez a la busca y captura del origen de todo, de la primera gota de vida y de la primera forma de existencia, del primer hombre y de la primera mujer cuyos trabajos de cestería se mimetizan con el entorno, gentes que viven en armonía con los bosques, sobreviven  en bastiones de resistencia sin traicionarse a sí mismos. Ahí radica la belleza de ese medio mundo que, ajeno a la furiosa pisada del hombre, a sus tragedias y sus hambrunas, resulta ser un lugar resplandeciente. Tan brillante, no nos engañemos, como lo fue siempre y como jamás debería haber dejado de serlo.

“Mis proyectos anteriores fueron a través de las tribulaciones de la humanidad”, relata el fotógrafo en el prólogo del libro con las fotografías. “Este, sin embargo, ha sido mi homenaje al esplendor de la naturaleza. Al viajar a pie, en embarcaciones, avionetas o globos, mientras fotografiaba volcanes, icebergs, desiertos y junglas contemplé un mundo que no ha cambiado en milenios”. Como si asistiese una y otra vez al exuberante espectáculo de la creación. “Sentí que era un privilegio contemplar los ciclos de la vida en continua repetición”.

El dilema no nos plantea escoger entre civilización o barbarie, sino entre barbarie y cordura. Medio planeta, dice el artista, sigue estando todavía hoy como en los inicios de la creación. Y ese brillo y esa autenticidad, con su blanco y negro como los colores de la tradición legada, empapan la retina en este trabajo soberbio que bien podría ilustrar la famosa sentencia del romántico Víctor Hugo: “Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no escucha”.

La exposición del artista nacido en Minas Gerais invita a perder los pasos por un paraíso virginal para, en adelante, contar hasta diez antes de traspasar la frontera con ese medio mundo que aún resiste. Hay entre tanta belleza un aviso tremendamente conservador sobre los espacios que todavía no han sido violados por la perversión del hombre moderno. Hay esta vez en la fotografía en blanco y negro, que siempre eleva la épica de la narrativa de Salgado, un tamiz de nostalgia que impregna la naturalidad de estas estampas asilvestradas.

En los retratos de estos indígenas encontramos la autenticidad del ser humano que ya no somos y en sus paisajes virginales, un pedazo de un mundo que se nos fue. Los hombres y mujeres de este ‘Génesis’ son hombres y mujeres puros, que aún no han sido condenados ni han degenerado, son los antepasados que no han probado aún el fruto del pecado ni se han quemado, pobres prometeos, con el fuego de la ciencia; y sus paisajes, tal vez por eso mismo, permanecen puros, hasta el punto de que parecen, en realidad, parajes de mundos extraterrestres. El ‘Génesis’ de Salgado es, como el de Milton, nuestro paraíso perdido.

Aquí puede enlazar a la visita virtual de la Exposición ‘Génesis’.

Foto: Sebastiao Salgado / Taschen.

Foto: Sebastiao Salgado / Taschen.

Un ojo incómodo

Hay muchos tipos de fotógrafos: ladrones de almas, cazadores que tienden trampas a sus presas, francotiradores que aguardan pacientes sin posibilidad de error, coleccionistas de colores con sus máquinas de captar esencias o feriantes cuyos espejos moldean la realidad a capricho. Todos son, de alguna manera, artistas y testigos de realidades. Pero Salgado es además un corruptor de conciencias. Tiene la fastidiosa costumbre de amargarnos el almuerzo porque no sirve la realidad limpia de asperezas y espinas. No le queda edulcorante en la retina. Su objetivo escupe con una veracidad que inquieta y durante años ha puesto el foco en los desastres de la guerra, los campos de refugiados, las patéticas anatomías castigadas por el hambre y las miradas de incomprensión de esas víctimas inocentes que no levantan un palmo del suelo. Hace fotos con alma. Pero mantiene además una mirada antropológica que busca en el fondo de los ojos y en las arrugas del rostro la auténtica condición humana. Su obra constituye un ensayo humanista con una vía a la esperanza: entre el camino de perfección y belleza arrebatadora del paisaje intacto de sus estampas del ‘Génesis’ y la infamia del hombre civilizado, quedan esos otros seres profundamente humanos, pareciera que indígenas atrasados y rematadamente locos, los salvajes del ‘mundo feliz’ de Huxley, que viven según sus tradiciones ancestrales en armonía con la naturaleza. Lo hacen desde tiempos inmemoriales y todo hace pensar que podrían seguir así por los siglos de los siglos. No pueden decir lo mismo de ustedes, de mí, de nosotros.

[Publicado originalmente en AsturiasDiario el 1 de febrero de 2014 con el título ‘La Tierra, como Dios la hizo’]

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Acerca de RM1980

Rubén Madrid, periodista nacido en Madrid (1980), ejerce desde finales de los noventa. Tras sus estudios en la Complutense ha desarrollado labores de redactor en medios de Madrid, Murcia, Asturias y Guadalajara. Hasta mayo de 2012, fue jefe de la sección de Provincia en El Día de Guadalajara. En los últimos años ha colaborado en diversos medios como periodista freelance, ha recibido el Premio de Periodismo de Medio Rural de la APG y la Diputación por un reportaje en Cultura EnGuada, de la que fue fundador y colaborador habitual. Su verdadera vocación era ser dibujante de mapas. Actualmente está acabando los estudios de Sociología en la UNED. Ha recibido los premios Libertad de Expresión (2011 y 2015), Medio Ambiente Industrial (2011) y Medio Rural (2014) de la Asociación de la Prensa de Guadalajara. Ha desarrollado también labores de comunicación para festivales culturales de Guadalajara y en la Consejería de Cultura de CLM. En Twitter, @Rb_Madrid.
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