Piensen, aunque se estrellen

La actriz Rachel Weisz caracterizada como  Hipatia para 'Agora', de Amenábar.

La actriz Rachel Weisz caracterizada como Hipatia para ‘Agora’, de Amenábar.

“Defiende tu derecho a pensar, porque incluso pensar de forma errónea resulta mejor que no pensar”. Se atribuye esta sentencia preciosa a la filósofa y astrónoma Hipatia, cuya vida encarnó Rachel Weisz en la película ‘Ágora’ de Amenábar. En su caso predicó con el ejemplo hasta el final de sus días, asesinada por fanáticos cristianos hacia el año 415, después de asistir a la terrible destrucción de la monumental biblioteca de Alejandría.

Hay una disputa ideológica por encima o anterior a la de las derechas y las izquierdas, más importante que cualquier subasta de signos y colores, y es la pugna entre quienes queman estas bibliotecas y lapidan a sus mentes más perspicaces y quienes, en cambio, levantan la mirada al cielo para reivindicar, como Hipatia, su derecho a pensar, para buscar entre la compleja aritmética del cosmos una explicación que ordene la sinrazón de la existencia y para insuflar -benditos lunáticos- un poco de romanticismo contra las asperezas de la vida.

Esa lucha la libró (¿y la perdió?) Hipatia contra los sangrientos patanes de su tiempo. A lo largo de veinte siglos, muchos de quienes se han dicho cristianos han insistido en este vandalismo de listas negras y potros de tortura, denunciando herejía donde había luces y condenando a la sombra a quienes iluminaban el camino. Es la pugna entre la libertad y el fanatismo, entre el verbo y la patada, una historia horrorosamente generosa en ejemplos. Lean o vean el drama de Buero Vallejo sobre Goya contra el absolutismo, ‘El sueño de la razón’. Lean y ríndanse en este centenario recién cumplido ante el Camus de ‘El hombre rebelde’. Y recuerden los pasajes de nuestra historia, con cruzadas de toda calaña: otro astrónomo, Galileo Galilei, diciséis siglos después de Hipatia, llevado ante la horca (“y sin embargo, se mueve”); los libros e intelectuales que ardieron en las hogueras nazis, los escritores deportados en Siberia, la condena a muerte para Salman Rushdie o Roberto Saviano, todas las censuras habidas y por haber y todos los chantajes de demócratas de misa de doce a la prensa de aquí y de ahora…

La cultura la hacemos las personas. Somos nosotros quienes remamos en galeras porque fuimos condenados en tiempos de Prometeo. Pero son las instituciones las que desencadenan tormentas o mecen las olas para frenar o impulsar el avance. Son las autoridades las que construyen faros para evitar que la nave se descalabre contra los acantilados. Son los alcaldes, concejales, consejeros y diputados quienes hacen las políticas culturales, quienes ponen y quitan ceros, quienes cierran y abren teatros o museos.

Yebes ha tomado partido. Su eslogan “municipio estrella” resultaría un fogonazo ingenioso pero fugaz si no viniese acompañado de un plan consistente. No venimos aquí a señalar aciertos ni errores de su política municipal, pero sí dejamos constancia de que observamos un diseño que, no por casualidad, se alimenta de esa riqueza incorpórea que es la cultura.

No en todas las administraciones comparten esta visión del mundo. Frente a algunos achicadores de talento que pretenden desalojar manifestaciones culturales de base, la mantalidad de los yeberos parece necesariamente abierta, porque un municipio de recién llegados tiene que ser por necesidad un lugar dispuesto para abrir los brazos y para acoger nuevas ideas, y ahí la cultura puede y debe tener un papel primordial.

En apenas un par de años hemos visto que en Yebes la cultura no es un lujo sino una bendición para “hacer municipio”: talleres, escuelas musicales, la creación de un cineclub -cuando en la capital se les ha robado su espacio, el Teatro Moderno-; un cine de verano; la integración de una biblioteca muy dinámica en la Red de Castilla-La Mancha; la celebración de una original cabalgata de Reyes Magos que compite en peculiaridad donde otros sólo recurren al talonario; la creación de un festival de narración oral, el Primavera; o la fuerte apuesta por acercar su emblemático Observatorio a los vecinos y, sobre todo, a los más pequeños, denota sensibilidad hacia la cultura, independientemente de que la consolidación de cada una de las iniciativas dependerá en gran medida de la propia respuesta de los ciudadanos.

Que Yebes, que fue paradigma de la Guadalajara que miraba al futuro incluso con codicia, publique un libro de historia como el que ha firmado Aurelio García López, demuestra el interés por sacar partido de lo que ya se es, y no sólo de quimeras, por bienvenidas que sean. Los nuevos residentes no llegan a un territorio baldío, sino a un lugar poblado de historias recientes y remotas.

Surge además una primera generación de artistas y gentes de la cultura que ya está presumiendo de sus primeros resultados dignos de mención. Será por esos artistas, escritores o profesores que más pronto que tarde empezarán a inaugurar una exposición o a escribir un libro, por quienes Yebes y Valdeluz algún día serán reconocidos. Yebes será algún día la casa natal de ese pintor, la sede de tal festival y el lugar de trabajo de ese otro fotógrafo o astrónomo… Así va Yebes matando poco a poco sus fantasmas.

Pero quien dice cultura lo dice en el sentido más amplio: mentalidad abierta y fundación de espacios de convivencia y de diálogo, lo que se logra llevando wifi a los parques, a través del deporte en un triatlón, compartiendo un juego en equipo en un polideportivo o con la puesta en marcha de los huertos urbanos.

En todo caso, no quiero venir yo ahora, invitado pasajero de estas páginas, a decirle a los yeberos cómo tienen que ser. Sólo aplaudo que en estos tiempos tan oscuros se posicionen con quienes desde hace siglos miraron al cielo y comprendieron la importancia de defender esa libertad íntima y radical que, como bien sabía la pionera astrónoma, reside en el derecho a pensar por uno mismo. Así que sigan pensando, aun a riesgo de equivocarse. O dicho en yebero: aun a riesgo de ‘estrellarse’.

[Artículo publicado en la sección del número 8 de la revista municipal ‘Vecinos’ del Ayuntamiento de Yebes-Valdeluz]

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Acerca de RM1980

Rubén Madrid, periodista nacido en Madrid (1980), ejerce desde finales de los noventa. Tras sus estudios en la Complutense ha desarrollado labores de redactor en medios de Madrid, Murcia, Asturias y Guadalajara. Hasta mayo de 2012, fue jefe de la sección de Provincia en El Día de Guadalajara. En los últimos años ha colaborado en diversos medios como periodista freelance, ha recibido el Premio de Periodismo de Medio Rural de la APG y la Diputación por un reportaje en Cultura EnGuada, de la que fue fundador y colaborador habitual. Su verdadera vocación era ser dibujante de mapas. Actualmente está acabando los estudios de Sociología en la UNED. Ha recibido los premios Libertad de Expresión (2011 y 2015), Medio Ambiente Industrial (2011) y Medio Rural (2014) de la Asociación de la Prensa de Guadalajara. Ha desarrollado también labores de comunicación para festivales culturales de Guadalajara y en la Consejería de Cultura de CLM. En Twitter, @Rb_Madrid.
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