Dos conciertos y medio

Javier Vargas y Raimundo Amador, juntos sobre el escenario. / Foto: www.pontevedraviva.com

Javier Vargas y Raimundo Amador, juntos sobre el escenario. / Foto: http://www.pontevedraviva.com

Javier Vargas y Raimundo Amador en ‘Noches de blues y flamenco’.  Teatro Buero Vallejo de Guadalajara.

Acababan de intercambiar un cruce de calambrazos de blues cuando, de pronto, Vargas se despidió musitando unas palabras y las luces del Buero se encendieron mientras Raimundo, con sombrero de patriarca gitano, se despedía del público sin apenas tiempo para que se le cerrara el telón en las narices, como quien despide a unos familiares mientras se cierran las puertas del tren.

La última escena de esta función de blues fue desconcertante y surrealista. Un adiós a la francesa para un concierto maravilloso que, sin embargo, dejó algunas sensaciones encontradas: descompensado en los tiempos y en los ingredientes de la coctelera de blues y flamenco; abierto con mucha energía y cerrado en falso; apabullante en sus descargas guitarreras pero corto en la expectativa que llevó al público al teatro: ver juntos sobre el escenario a Javier y Raimundo. La jam session dejó al público a medias, una suerte de gatillazo justo cuando la noche ingresaba en el esperado climax. Fue un concierto espléndido, pero queda la impresión de que podría haber sido incluso mucho mejor.

Para quien no estuvo allí, aclaremos antes que nada que lo que presenció un Buero Vallejo casi repleto en la noche del viernes fueron, en realidad, dos conciertos y medio: una sesión de blues americano de Vargas (un brujo) durante algo más de una hora; un recital de blues aflamencado de Raimundo (un duende) acompañado por un cajón y otra guitarra; y una jam session de la Vargas Blues Band con Amador como artista invitado: dos monstruos.

Vargas: el brujo

No es la primera vez que lo escribo, pero me reafirmo: en cada concierto, Javier Vargas practica un exorcismo. El artista español (y argentino, y venezolano, y estadounidense) logra siempre crear un ambiente magnético y secuestra el alma del público en una ceremonia que culmina con la apoteosis de ‘Chill Out (Sácalo)’. Una canción extraordinaria siempre, que en directo funciona como un espectáculo de fuegos artificiales. Nada que envidiar a Santana.

Pero eso fue al final. En el tramo inicial de su actuación, que duró una hora y diez minutos, el músico crecido en Mar del Plata y criado con sangre negra de Nashville y Los Ángeles desgranó su repertorio más americano, en detrimento de su conocida fórmula de blues latino, que casi pasó desapercibida (aparte de ‘Sácalo’, obligada).

Arrancó Vargas sin mesura, subido de voltaje y explosivo, con blues potente y acelerado hacia el rock. Un sonido poderoso que arrancó las palmas del respetable en la segunda canción. “Es una gira única”, dijo Vargas con su acento amasado al otro lado del charco justo antes de interpretar su impresionante ‘Make sweet love 2 U’, uno de sus temas más intensos, y el más sensual ‘Do you belive in love’, otro de sus clásicos más bluseros. Entre las diez canciones, una versión del ‘Love me two times’ de The Doors (otras veces había sido ‘Roadhouse blues’) justo después de ‘Black cat boogie’, y un delicioso paseo por ‘Parisienne walkways’ de Gary Moore. Vargas tuvo unas palabras para el músico irlandés, fallecido hace dos años, y para el británico Alvin Lee (guitarrista, entre otros, de Chuck Berry), que se marchó también hace apenas unos días. Ambos vivieron sus últimos años en España.

Hubo un paréntesis de rock para lucimiento de todo el grupo y al final el exorcismo: ¡Sácalo fuera! Había sido más de una hora de blues. Ni latino ni fusión… sin aditivos. El público, colmado, disfrutaba de un descanso. Aún quedaba el primo Raimundo y la actuación conjunta… Prometía.

Raimundo: el duende

“¡Vamos Raimundo!”, gritó una voz del público. Y el patriarca del blues asintió como sabe, con un solo de guitarra como preliminar, respetado por sus dos compadres, su sobrino al cajón (¿era ese mismo renacuajo que ya tocó el cajón hace siete años en el Buero, cuando apenas subía un palmo del suelo?) y Lin Cortés a la guitarra española. Amador, ligero de equipaje.

Arrancó el sevillano con ‘Candela’, en una versión que prolongó hasta los seis minutos, y siguió con uno de sus éxitos, ‘Hoy no estoy pa nadie’. La noche se puso flamenca. Había que volver a las raíces: a Camarón. Y a Pata Negra. O a los dos, con el conocido tema que lleva el nombre del cantaor gaditano en el disco ‘Blues de la frontera’.

Había más homenajes y más sorpresas: una versión cruda y desgarradora de la preciosa ‘En el lago’ de Triana. Cantó Cortés, con su voz rasgada, y cantó Raimundo con su guitarra, que daba punzadas de blues a las nostalgias. El maestro estaba en lo alto. No abusaba de los solos y su compañero Cortés le hacía un gran favor con una voz muy personal que da brillo a un arte, el cante, en el que Raimundo no es precisamente un gigante. Sí lo es a la guitarra. Así que se permitió una escala clásica de blues a modo de interludio y a continuación sirvió los bises: ‘Ay qué gustito pa’mis orejas’ (flamenco, claro; blues, por supuesto; y ¡reggae!), ‘Pata palo’ y ‘Boyeré’. Cincuenta minutos. Veinte menos que Vargas. Pero todavía quedaba lo mejor.

Vargas&Amador: dos monstruos

Volvió la Vargas al escenario, los primeros acordes devolvieron al auditorio al itinerario ‘Madrid-Chicago Live’ y al momento, entró Raimundo con su chistera. Se aproximaron midiendo las fuerzas, se miraron de soslayo, se tentaron… un calambre de uno, una descarga del otro… La expectación alcanzaba su momento álgido. El público había oído a Vargas. También, a Raimundo. Lo había escuchado hacía unos minutos, en otros directos y en sus trabajos por separado. Ahora era el momento de escuchar algo inédito. ¿En qué consistiría la alianza, la “superjam session” que había dicho Javier?

Queda resuelto el misterio: la fusión entre los dos artistas consiste más bien en la incorporación del bluesman gitano al show de la Vargas. Cabía esperar más boogie gitano, más ‘sangre española’ y un poco más ‘Del Sur’ en esta pretendida fusión de Vargas con Raimundo. Tal vez el espectador se había engañado a sí mismo y

presumía que el encuentro se produciría en la frontera más próxima entre ambos repertorios. Pero no. La Vargas había aterrizado recién llegada de Chicago. Y allí, sobre el escenario, estaba el compadre Raimundo, que se apunta a un bombardeo. 

No hay un trabajo de ingeniería demasiado sofisticado entre los dos músicos, pero la mera suma de los dos artistas multiplica. Quedó demostrado en las cuatro canciones que interpretaron juntos. La elección del tema era lo de menos. Podrían haber versionado la ‘Tarara’ que aquello habría desmadrado entre solos de blues.

No había flamenco y blues, pero el espectáculo merecía la pena. La apoteosis estaba servida. Media hora después del reencuentro, el Buero estaba ardiendo. Pero, de pronto, acabó una canción, Vargas dijo adiós y el primo Raimundo se quedó despidiendo a la banda a todo correr mientras literalmente el público veía cómo se le cerraba el telón, como si en realidad alguien quisiera echar al bufón de la fiesta. Cuando se encendió la luz, se disiparon las dudas: el concierto había terminado. En apenas un instante, el embrujo se había esfumado. El duende salió corriendo. Y al monstruo bicéfalo apenas le había dado tiempo a dar un par de zarpazos. Se quedó en medio la parte del concierto que prometía el doble.

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Acerca de RM1980

Rubén Madrid, periodista nacido en Madrid (1980), ejerce desde finales de los noventa. Tras sus estudios en la Complutense ha desarrollado labores de redactor en medios de Madrid, Murcia, Asturias y Guadalajara. Hasta mayo de 2012, fue jefe de la sección de Provincia en El Día de Guadalajara. En los últimos años ha colaborado en diversos medios como periodista freelance, ha recibido el Premio de Periodismo de Medio Rural de la APG y la Diputación por un reportaje en Cultura EnGuada, de la que fue fundador y colaborador habitual. Su verdadera vocación era ser dibujante de mapas. Actualmente está acabando los estudios de Sociología en la UNED. Ha recibido los premios Libertad de Expresión (2011 y 2015), Medio Ambiente Industrial (2011) y Medio Rural (2014) de la Asociación de la Prensa de Guadalajara. Ha desarrollado también labores de comunicación para festivales culturales de Guadalajara y en la Consejería de Cultura de CLM. En Twitter, @Rb_Madrid.
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