¡Ahí le has dado, Piedrahita!

Luis Piedrahita, durante su monólogo. / Foto: R.M.

Luis Piedrahita, durante su monólogo. / Foto: R.M.

Monólogo ‘¿Por qué los mayores construyen siempre los columpios encima de un de un charco?’ de Luis Piedrahita. • Teatro Buero Vallejo.

Pasaban cinco minutos de las ocho cuando sobre un sobrio escenario ocupado por una banqueta brincaba saludando a diestro y siniestro Luis Piedrahita, uno de los rostros más reconocibles de la edad dorada del monologuismo español. El gallego, vestido con la misma sencillez que su escenario, aprovechaba una circense melodía de Frank Zappa para despeinarse por vez primera el flequillo sobre la frente y preguntarse por el más insignificante de los seres: las hormigas. Toda una declaración de intenciones en el llamado rey de las pequeñas cosas.

El Buero Vallejo, que cubrió la práctica totalidad de sus butacas en la noche de ayer sábado, acogió el espectáculo ‘¿Por qué los mayores construyen los columpios siempre encima de un charco?’. No hubo ni rastro del columpio, pero sí del absurdo que representa esta pregunta, un título ingenioso, como otro cualquiera, para agrupar una serie de guiones sueltos que sus seguidores más fieles conocían ya de sus apariciones en televisión.

El monologuista, que no cesó de arrancar carcajadas durante una actuación sin apenas baches, se comportó como todo el mundo esperaba de un personaje tremendamente definido y conocido por la pequeña pantalla: reflexiones filosóficas, visiones poéticas de la vida y relatos que dan vueltas y revueltas a la vida cotidiana. Siempre con un denominador común: la sonrisa. Y no la sonrisa fácil, por supuesto. Un trabajo sostenido por el guión, dueño y señor del espectáculo, pero perfectamente rematado por un continuo juego de voces y un trabajo gestual a la altura del texto.

De charla con el público

Piedrahita subió y bajó al menos una docena de veces las escaleras del escenario para interactuar con el público, vacilar a los inquilinos de las primeras filas -que acabaron por formar parte del espectáculo- y ofrecer un locuaz dinamismo a nada menos que cien minutos de monólogo.

La disertación arrancó con las tres frases más típicas de las madres y continuó con reflexiones sobre las naranjas y las maletas. Siguiendo un guión en el que el actor rescataba algunos latiguillos divertidos de pasajes anteriores, para feliz sorpresa del público, Piedrahita demostró su maestría en el género, haciendo gala también de muy buenos reflejos ante las siempre imprevisibles respuestas que emitía el público a sus preguntas. Incluso improvisó argumentaciones más extensas, como la elucubración sobre la posible presencia del kiwi como fruta prohibida en el Paraíso.

Tal vez lo más meritorio de Piedrahita radica en su versatilidad para intercambiar registros humorísticos, del más elaborado y surrealista al más evidente, incluso el soez o escatológico, sin abandonar nunca una visión poética de la realidad y un sentido filosófico del discurso. El humor inteligente de Luis Piedrahita se detiene en lo nimio, porque a veces lo más cotidiano es precisamente lo más universal, pero avanza siempre hacia una explicación delirante de un mundo que es absurdo, humanamente absurdo.

Saltando de enigma en enigma, Piedrahita se preguntó por la maleta que nadie recoge en la cinta del aeropuerto; porqué no coinciden nunca los huecos de los ojos en una careta; cómo sería un mundo sin armas; o qué norma delimita qué productos pueden ser expuestos en la línea de caja. Así, hasta ir a parar a los tres modos de arañar un vehículo, una culminación definitivamente desternillante del espectáculo, sobre todo cuando expuso las dos reacciones más típicas de un peatón al golpearse con un bolardo en la espinilla. El show acabó en un aparcamiento, con la imitación del típico individuo voluntarioso que nos ayuda a aparcar: “Gira, gira, gira… endereza, endereza, endereza… ¡ahí le has dado!”. Pues eso, Piedrahita: ¡Ahí le has dado!

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Acerca de RM1980

Rubén Madrid, periodista nacido en Madrid (1980), ejerce desde finales de los noventa. Tras sus estudios en la Complutense ha desarrollado labores de redactor en medios de Madrid, Murcia, Asturias y Guadalajara. Hasta mayo de 2012, fue jefe de la sección de Provincia en El Día de Guadalajara. En los últimos años ha colaborado en diversos medios como periodista freelance, ha recibido el Premio de Periodismo de Medio Rural de la APG y la Diputación por un reportaje en Cultura EnGuada, de la que fue fundador y colaborador habitual. Su verdadera vocación era ser dibujante de mapas. Actualmente está acabando los estudios de Sociología en la UNED. Ha recibido los premios Libertad de Expresión (2011 y 2015), Medio Ambiente Industrial (2011) y Medio Rural (2014) de la Asociación de la Prensa de Guadalajara. Ha desarrollado también labores de comunicación para festivales culturales de Guadalajara y en la Consejería de Cultura de CLM. En Twitter, @Rb_Madrid.
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