Las marcas de España

Dice el presidente Rajoy que “somos un país solvente y fiable” y que hay que sacarle el máximo partido a la ‘Marca España’, ese invento más propio de un cursillo de marketing que de la política de altos vuelos, con el que ahora quiere convencer a propios y forasteros de que se puede invertir en un país en llamas, cuando no en ruinas.

Seguramente lo dijo pensando en la imagen días atrás de la selección de fútbol conquistando el trono; pero lo cierto es que lo dijo mientras la policía y los mineros de toda España se liaban a ostias en el centro de Madrid.

En su discurso, el presidente ha animado a todos a convertir en un valor positivo que España sea un Estado “plural, multifacético y avanzado”, o aprovechar “la pujanza del idioma”, que hasta hace poco era un problema añadido del nacionalismo. La diferencia resulta ahora integradora, útil para la “cohesión interna”, al hilo de la orteguiana vertebración de España. ¡Aleluya! Lástima que los discursos de Rajoy sean siempre tan vacíos de contenido y faltos de concreción. Sólo así sabríamos qué es la Marca España.

De hecho, el problema radica en que en la Marca España, además de las eurocopas y del Mundial, queda reflejado también lo que es este país: 4.615.269 parados, una ciudadanía pagando más impuestos y recibiendo menos servicios, atenciones y prestaciones; unas calles incendiadas día sí y día también; una sociedad dividida entre la resignación y la indignación; un país repleto de ciudades sin prensa de papel, ni tiendas de proximidad ni filósofos ni poetas; una preocupación constante por las listas de más vendidos, los trending topics y las audiencias; una política bipartidista, una Liga bipolar y una cultura fragmentada entre vencedores y vencidos.

Porque forman parte de la marca España programas televisivos como ‘Sálvame’, personajes como Martínez Pujalte, Leire Pajín, Rouco Varela, Carlos Dívar, Belén Esteban, Kiko Matamoros, Chikilicuatre y los desvaríos respectivos de la intelectualidad, de la injustificable levedad del ser o no ser de Sánchez Dragó a la disculpable de Leopoldo María Panero.

También las cacerías del Rey y su inexistente relación matrimonial con la reina son la Marca España; y los trapicheos de su yerno; y la insana rivalidad entre Madrid y Barcelona, ridícula y bochornosa  en la pugna por Eurovegas; y la frivolidad de Sara Carbonero y de Ana Obregón; y la mala baba del presidente de la patronal madrileña Arturo Fernández; y todos los protagonistas del Caso Malaya; y suma y sigue, que la marca será grande o no será.

En este sello bienintencionado habrá que dejar fuera todos los EREs, los de Andalucía y el que me ha enviado a mí al paro con un empresario, Santiago Mateo Sahuquillo, adeudando todavía cinco nóminas y media y la indemnización, incluso después de cobrar 166.000 euros de la Junta de Castilla-La mancha, que era la razón por la que dijo no pagar a sus trabajadores. Con señores así haciendo negocio y políticos que se sigan haciendo fotos con él, así nos va…

En la marca España cabe toda la sinvergonzonería de una banca que ha arruinado al país con sus préstamos al por mayor y sus especulaciones y que pide ahora rescates que nos supondrán “un esfuerzo” detrás de otro, como nos recuerda cada día Mariano Rajoy, con el mismo tono del jefe de la tribu que pide a los suyos un sacrificio después de una catástrofe natural de la que nadie tiene la culpa.

Suena todo esto de la Marca España a un remake de la campaña ‘Spain is different’, cambiando ahora el macho hispano detrás de las suecas en Torremolinos por las fotos de Casillas y los suyos levantando -visiblemente ebrios- la copa, en una idílica estampa que nos haría olvidar que también Bankia y los comedores sociales repletos de parados sin subsidio forman parte de esta España de marca.

¿Cómo hacer una marca de España que ignore estas otras marcas sobre la piel del toro?

Eso es lo que quiere Rajoy, hablar menos de economía y más del tiempo, como si no pasara nada. “En el último año la portera de mi edificio me dice: ‘Hay que ver cómo está la prima’. Yo quiero que volvamos a hablar del tiempo”, dice el presidente del Gobierno. E inevitablemente tenemos que admitir que la Marca España supone también tener un presidente que nos toma por imbéciles cuando hace este tipo de comentarios.

(PD – ¿Desde cuándo Rajoy, por más que sea presidente del Partido de los Trabajadores, vive en un edificio? ¿Es un bloque de un barrio obrero? Creíamos que la casa que no quería cambiar por La Moncloa era un chalé).

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Acerca de RM1980

Rubén Madrid, periodista nacido en Madrid (1980), ejerce desde finales de los noventa. Tras sus estudios en la Complutense ha desarrollado labores de redactor en medios de Madrid, Murcia, Asturias y Guadalajara. Hasta mayo de 2012, fue jefe de la sección de Provincia en El Día de Guadalajara. En los últimos años ha colaborado en diversos medios como periodista freelance, ha recibido el Premio de Periodismo de Medio Rural de la APG y la Diputación por un reportaje en Cultura EnGuada, de la que fue fundador y colaborador habitual. Su verdadera vocación era ser dibujante de mapas. Actualmente está acabando los estudios de Sociología en la UNED. Ha recibido los premios Libertad de Expresión (2011 y 2015), Medio Ambiente Industrial (2011) y Medio Rural (2014) de la Asociación de la Prensa de Guadalajara. Ha desarrollado también labores de comunicación para festivales culturales de Guadalajara y en la Consejería de Cultura de CLM. En Twitter, @Rb_Madrid.
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