Millás y los hombrecillos

‘Lo que sé de los hombrecillos’.

Juan José Millás.

Editorial Seix Barral.

La literatura de Juan José Millás siempre ha tenido como particularidad que ofrece un universo personal e inconfundible para reflexionar sobre la condición humana con la simple mirada al envés de la realidad más próxima. Podría decirse que hay un relato o una novela del escritor madrileño allí donde tenemos un hombre (o mujer) propenso a meterse en apuros por culpa de una obsesión, de una casualidad o de una ironía del destino. Y a veces todo esto es una misma cosa.

Así es también en ‘Lo que sé de los hombrecillos’, una novelita divertida que no se encuentra, pese a todo, entre lo más ambicioso del escritor que ha deleitado con ‘El mundo’ o ‘Dos mujeres en Praga’ y que siempre encuentra su mejor versión en los libros de relatos como ‘Los objetos nos llaman’.

La reflexión sobre la identidad, siempre tan frágil, y sobre las pequeñas miserias de las que estamos compuestos, retratan al antihéroe, ese tipo gris de una sociedad burocrática, urbana, conformada por faxes, impresoras y teléfonos inalámbricos. Ahí nace también el protagonista de ‘Lo que sé de los hombrecillos’, un profesor de Economía recién jubilado con sobrados motivos para correrse la juerga que el civismo y la corrección política le han negado durante toda su vida.

La literatura de Millás siempre ha tenido esta mirada peculiar a lo cotidiano como una selva  en la que adentrarse para vivir una aventura y, así, reflexionar sobre estas preocupaciones tan universales. Su revisión del método kafkiano, cada vez menos apegada a la realidad, le ha ido despegando del suelo hasta levitar hacia un realismo mágico de factura propia que le permite exponer con pasmosa naturalidad la existencia de enanitos, también presentes en el relato de un niño de ‘Los objetos nos llaman.

Como en Saramago, también en Millás algo inaudito prende en una realidad anodina y pone en marcha el mecanismo de esta relojería -allí lo será que de pronto cesen las defunciones o haya una plaga de ciegos, aquí el descubrimiento del hombrecillo idéntico al protagonista- y evoluciona hacia la extraordinaria transmutación del yo -que en el luso es el nosotros-, sin rehuir el absurdo y las muchas formas en que se manifiesta -para Sartre era la náusea, para Camus el rayo de sol que precipita la tragedia,para Millás es la duplicidad del hombre, la extrañeza ante el propio cuerpo, la deslocalización del personaje respecto de su entorno

Es la circunstancia lo que transforma al hombre en alguien, la que le planta frente a frente ante el drama de quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos, cuestiones universales que Millás expone con toda la carga de su tragedia, pero con un sentido del humor que las hace soportables, todo lo cual supone en su conjunción una ironía extrema.

Al protagonista de ‘Lo que sé de los hombrecillos’ es la excepcional relación que entabla consigo mismo, o con su ‘altereguillo’, lo que le convierte en un tipo con personalidad -ahí radica la crisis de identidad- y no en un vulgar frustrado.

Los hombrecillos somos nosotros, reducidos a la mínima expresión en un universo totalizador, represor de los instintos, falsamente moralizador. Somos muy poco, “no somos nada” -solemos decir-, meros hombrecillos y mujercillas. Pero también somos o estamos hechos del duende más travieso, burlón, descarado de los cuentos de infancia, de las perversiones oníricas o de las figuras de El Bosco, de los sueños que emergen cuando nos psicoanalizamos sobre el diván, como le ocurre a este profesor de Economía.

Todos llevamos dentro un hombrecillo que, como un pepito grillo de la mala conciencia, nos insta a cometer esas pequeñas fechorías -sal de la vida-, a explorar los límites de lo incorrecto y a entregarnos a fantasías eróticas perversas en los momentos y los lugares menos apropiados.

Esto es lo que Millás sabe sobre los hombrecillos y lo que nos cuenta en una novela mejor trazada que acabada. Los personajes secundarios lo son en sentido literal y el relato parece no tener suficiente oxígeno para evolucionar más allá de las premisas trazadas en el esquema inicial de la novela. De nuevo, el estilo es ágil y obtiene sus mejores pasajes cuando se aproxima al cuento y se distancia de la novela que no acaba de ser. El de Millás en este libro es un sistema de juego de ataque rápido y directo, sin demasiado toque, al que quizá le falle el remate, precipitado y poco preciso.

A pesar de todo, la aparente simplicidad del libro, que se bebe de un sorbo, esconde numerosos planteamientos para la reflexión sobre esta crisis económica y de valores que atravesamos y, con ella, acerca del gran tema, la crisis de identidad, siempre por resolver, en que está sumido el hombre -más bien el hombrecillo- de nuestro tiempo.

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Acerca de RM1980

Rubén Madrid, periodista nacido en Madrid (1980), ejerce desde finales de los noventa. Tras sus estudios en la Complutense ha desarrollado labores de redactor en medios de Madrid, Murcia, Asturias y Guadalajara. Hasta mayo de 2012, fue jefe de la sección de Provincia en El Día de Guadalajara. En los últimos años ha colaborado en diversos medios como periodista freelance, ha recibido el Premio de Periodismo de Medio Rural de la APG y la Diputación por un reportaje en Cultura EnGuada, de la que fue fundador y colaborador habitual. Su verdadera vocación era ser dibujante de mapas. Actualmente está acabando los estudios de Sociología en la UNED. Ha recibido los premios Libertad de Expresión (2011 y 2015), Medio Ambiente Industrial (2011) y Medio Rural (2014) de la Asociación de la Prensa de Guadalajara. Ha desarrollado también labores de comunicación para festivales culturales de Guadalajara y en la Consejería de Cultura de CLM. En Twitter, @Rb_Madrid.
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