Los enemigos invisibles no existen

Hace tiempo que me venía rondando escribir sobre lo que un sociólogo llama “la sociedad del riesgo”, aunque, a decir, verdad, he preferido esperar a que la realidad escogiese el momento. Y acabo de leer que “los gases de combustión diésel provocan cáncer”. De pulmón, para ser más exactos, y según los informes de la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer.

“El grupo de trabajo ha detectado que la combustión del diésel es una causa de cáncer de pulmón y también ha advertido una asociación positiva con un mayor riesgo de cáncer de vejiga”, ha indicado este instituto internacional en un comunicado.

Para quienes hemos vivido la auténtica tortura que supone ver a un familiar luchar sin sentido -pero hasta la extenuación física y psicológica- contra uno de los peores cánceres que existen, no es fácil leer un titular así y pasar página. Más aún cuando la noticia del fallecimiento está reciente. Lejos de dejar que la vida siga como si nada, nos asaltan los interrogantes: ¿Se podría haber evitado que a este ser querido le hubiesen recortado veinticinco años de vida? ¿Podemos reclamar los familiares a alguien el saco de momentos robados? ¿A quién?

Los riesgos hoy son invisibles, pero la evidencia es incontestable: hay factores que provocan este tipo de enfermedades. ¿El tabaco? ¿Los productos químicos con los que han trabajado muchos profesionales de nuestro país? ¿La contaminación de los coches?

Ha sido el sociólogo alemán Ulrich Beck quien mejor ha caracterizado esta sociedad de amenazas constantes y sonantes en el mundo actual, tan dado a alimentar los comportamientos hipocondriacos, tal vez porque hay mucho de desamparo por parte de quienes deberían poner a raya estos peligros, como bien ha dicho este teórico en ‘La sociedad del riesgo’. De hecho, viviríamos según Beck en una sociedad en la que preocupa el reparto de los males (y no el reparto de los bienes, locomotora de la lucha de clases de antaño) o, como él dice, del “pastel envenenado”.

¿Quiénes están bien posicionados en esta sociedad de hoy en día? Quienes eluden los riesgos: se alejan de la contaminación, comen mejores productos (aunque sean más caros) y viven con la seguridad de que, en caso de enfermedad, pueden pagarse una mejor sanidad.

En su definición de estos riesgos que amenazan a los individuos de la sociedad postmoderna, este sociólogo hace hincapié en tres aspectos: en primer lugar, alerta de su invisibilidad -así, por ejemplo, en el caso de los escapes radioactivos, pero también de casi
todas las formas de contaminación atmosférica o de los alimentos-; por otro lado, enfatiza la existencia de absurdos límites que las instituciones ponen al envenenamiento masivo: un producto, pongamos por caso el diésel o el tabaco, es tremendamente dañino, pero alguien se encarga de situar qué dósis de veneno son soportables. Y se pregunta Beck: ¿esos límites son válidos para todos, igual para un adulto que para un niño o un anciano? ¿En la misma cantidad para un enfermo de asma que para los pulmones de un nadador, por ejemplo? Por último, nos hace caer en el riesgo todavía mayor que supone que la condena de cualquiera de estos peligros no llegue hasta que se demuestre su toxicidad; algo que, para muchos ciudadanos, llega siempre demasiado tarde, porque son las propias cobayas del experimento.

Es esto lo que ha pasado por ejemplo con las víctimas del amianto. Sus familiaras se han asociado para exigir a las autoridades que reconozcan que quienes mueren hoy de cáncer después de haber estado en contacto años atrás -décadas, a veces- con esta sustancia deben ser reconocidas como víctimas de una enfermedad laboral. No ha sido la casualidad ni ningún vicio particular los que han llevado a la tumba a tantos obreros, sino este material de construcción que pusieron en circulación las empresas sin que ninguna autoridad sanitaria opinase lo contrario. “Se comían el bocata encima de los sacos de amianto”, me dijo hace poco la hija de un enfermo de cáncer. “Se freían huevos sobre placas de uralita”, me explicaba también un electricista.

Que en la que muchos llaman la sociedad de la información, caracterizada entre otras cosas por la alta capacidad de investigación y de comunicación, nos digan tan tarde que la combustión de ciertos diésel resulta cancerígena es una auténtica ofensa. ¿De veras hacía falta tragar tanto humo para descubrirlo? Que la noticia vaya a pasar desaparecibida en la agenda de los medios, más atenta de las reacciones políticas de turno que marcan los gabinetes y de la Eurocopa de Ucrania y Polonia, resulta también insultante para la inteligencia social, si es que algo así sobrevive entre nosotros. Y que seguramente pasado mañana no haya pasado absolutamente nada tras revelarse esta alarma sanitaria, nos aportará otro argumento para dimitir de este mundo y marcharnos de ermitaños a una cueva, en la montaña. Esto, por supuesto, pero también el hecho de no tener que soportar los malos humos de la combustión diésel.

PD – No quiero dejar pasar una curiosidad. La edición española del libro de Ulrich Beck tiene en la portada la reproducción de un detalle del cuadro de Brueghel sobre la parábola de los ciegos, el mismo que ilustra y encabeza este blog. ¿Estamos de acuerdo en que las casualidades no existen?

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Acerca de RM1980

Rubén Madrid, periodista nacido en Madrid (1980), ejerce desde finales de los noventa. Tras sus estudios en la Complutense ha desarrollado labores de redactor en medios de Madrid, Murcia, Asturias y Guadalajara. Hasta mayo de 2012, fue jefe de la sección de Provincia en El Día de Guadalajara. En los últimos años ha colaborado en diversos medios como periodista freelance, ha recibido el Premio de Periodismo de Medio Rural de la APG y la Diputación por un reportaje en Cultura EnGuada, de la que fue fundador y colaborador habitual. Su verdadera vocación era ser dibujante de mapas. Actualmente está acabando los estudios de Sociología en la UNED. Ha recibido los premios Libertad de Expresión (2011 y 2015), Medio Ambiente Industrial (2011) y Medio Rural (2014) de la Asociación de la Prensa de Guadalajara. Ha desarrollado también labores de comunicación para festivales culturales de Guadalajara y en la Consejería de Cultura de CLM. En Twitter, @Rb_Madrid.
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