Gernika (VI): La visión de Atxaga

El escritor Bernardo Atxaga / Foto: http://www.atxaga.org

Los últimos días me han dado la oportunidad de charlar con diferentes personalidades que me han ofrecido su revisión de los hechos ocurridos en Gernika hace 75 años y la posible proyección de esta lección de historia sobre el escenario actual de la construcción de la paz, centrado concretamente en el escenario vasco. No quisiera que algunos de los comentarios cayesen en saco roto por los problemas de espacio que ofrece el periodismo, siempre encorsetado en sus columnas, también en aquellas invisibles y aún más limitadoras de las publicaciones digitales.

Voy a dejar en las próximas entradas del blog algunos comentarios, prácticamente íntegros, de esos buenos amigos que han tenido a bien conversar conmigo y que han querido sumar sus voces por la paz, dedicando parte de su tiempo a este malaventurado periodista.

Hoy le toca el turno a Bernardo Atxaga, escritor que ha firmado libros de narrativa tan recomendables como ‘Obabakoak’, ‘El hijo del acordeonista’ o ‘Siete casas en Francia’. Me puse en contracto con él por varias razones: buscaba una voz intelectual para tratar el tema; conocía su controvetida pero enriquecedora visión del conflicto vasco, ofrecida en tantos foros (por no hablar de su propia obra), caso del documental ‘La pelota vasca’, de Medem. Pero, además, sabía que había escrito un librito sobre el bombardeo, ‘Marcas’. Esto fue lo que me dijo:

“Lo más interesante del bombardeo de Gernika es lo que Paul Eloud llama “la victoria de Gernika’. Allí hubo un bombardeo y el triunfo militar e incluso de la representación, de la difusión y la poesía, fue en un primer momento del fascio. El bombardeo fue todavía más repugnante y bestial cuando se ha sabido que fue una prueba de laboratorio de diferentes técnicas de bombardeo y de los resultados en que combinarían bombas explosivas con las incendiarias. Fue un ensayo, pero en vez de virtual, como se hace ahora, fue una prueba del poderío militar con una población civil real. Esto, desde el punto de vista humano, lo hace todavía peor. Si la inhumanidad se pudiese medir como la temperatura, con un termómetro, estaría muy abajo, sería muy inhumano.

Eso fue lo que ocurrió, pero este tipo de verdades, incluso en el día de hoy, nunca afloran. Por más discursos humanistas y bienintencionado que haya y más versiones de Hollywood para relatar el pasado, sabemos que el criminal triunfa. La historia la cuentan los vencedores; y no siempre, pero, a veces, los vencedores son los criminales.  En Gernika, en cambio, ocurre una circunstancia especial. Es de lo que hablo en ‘Marcas’ [su libro sobre el bombardeo de Gernika], algo extraordinario. La marca que nombra el crimen se hace cada vez más fuerte.

Primero tenemos que hay un sacerdote, Alberto Onandía, un hombre de mucho coraje que a los pocos días del bombardeo ya ha escrito y publicado un llamamiento al mundo, un poema con lo que ha ocurrido dando datos en apenas una semana. Esto, unido a que hay corresponsales de guerra como George Steer y algún otro que tienen que luchar por demostrar la verdad con un arduo trabajo hace posible una primera exposición de ayudas ala Repúblicacon bocetos de Picasso, que entonces no era tan famoso y logra que colabore la crema intelectual de izquierdas como Foster o Leonard Woolf… Luego Onandía en Francia busca el apoyo de su versión ante intelectuales católicos como François Mauriac… así se va abriendo camino el fatigoso camino hacia la verdad hasta llegar a la marca mayor: resulta que el pintor del siglo XX por excelencia hace el cuadro. Hay muchas teorías sobre la obra, pero pinta el cuadro que todos conocemos y se convierte en el símbolo definitivo de aquella realidad, ya a partir de entonces es irrebatible la verdad, por mucho que hasta los años setenta en el espacio español esa verdad no se pudiese divulgar abiertamente. Hubo una multiplicación de marcas, de señales que hablan de esta verdad. Hay también poemas, como el de César Vallejo [sobre el cuadro de Picasso] y un cortometraje fantástico con el poema de Paul Eluard recitado por María Casares, mientras dibuja Picasso, esta aportación se la debo a un trabajo de Miguel E. Anitua.  Pero es que cada vez la marca o el surco es más hondo, porque ahora este mismo vídeo está también con la canción Gernika de Mikel Laboa. Esto es lo milagroso de Gernika. Es verdad que siempre se habla de Gernika y hubo bombardeos en Eibar, Barakaldo y crímenes en todos los puntos de la geografía española, pero la diferencia es que la mayor parte de las veces la semilla del dolor no encuentra el mismo terreno para florecer como en el caso excepcional de Gernika. Aquí la verdad salió adelante.

Es muy difícil que pase que surja al momento la verdad. Suele pasar con los años, pero no con un acto criminal recién cometido por quienes detentan el poder absoluto, como era el caso. Es casi imposible que esa verdad aflore. Eso es lo extraordinario de Gernika: la verdad se supo porque hubo una serie de marcas o señales.

La de Gernika ha sido una historia con un buen final: los criminales han sido señalados y las víctimas han sido reconocidas. No se puede comparar esto con la guerra de los hutus y los tutsis [Somalia, en los años noventa] donde nadie recuerda ningún nombre de una víctima.

Gernika se convierte en el símbolo del que hablan en el extranjero: Patti Smith [cantante] dijo al comenzar el bomardeo de Irak: ‘pensé en Gernika’. O con el Líbano me lo dijeron también. La marca queda. Generalmente se borra, pero aquí permanece, no hay otra tan honda o mejor dibujada”.

“¿Qué lección puede ofrecer Gernika en el panorama actual? Siempre digo que el gran capital vasco es haber tenido crisis enormes, problemas enormes y dilemas morales enormes, hemos atravesado un desierto. Me parece que la gente que trabaja por la paz en Gernika está curtida, tiene una experiencia que hace que la paz sea algo muy valorado. Es muy difícil hablar de un problema sin haber tenido una experiencia directa. Aquí desafortunadamente la tenemos: ha habido años durísimos, sobre todo los ochenta, que fueron terribles, o los setenta, con situaciones de dolor que venían de dos frentes, los mismos que quemaron Gernika y luego ETA, que se convirtió en un grupo literalmente absurdos: lo he dicho alguna vez, absurdo significa sordo, que no tiene contacto con la realidad y ha seguido cometiendo atrocidades.

Aquí se ha creado una escuela de la paz, una atmósfera creada a partir de la experiencia del sufrimiento. No es la paz de la que habla un niño en el colegio, que no se consigue de la noche para la mañana, sino un objetivo difícil de cumplir siempre”.

“Pienso que el perdón por parte de las víctimas ante algo como lo que sucedió en Gernika es imposible. Así lo creo. Si un vecino comete un crimen en tu casa, no hay salida. Pero vivimos en sociedad, aquí hay tres millones de personas en este país y lo importante es que socialmente se pueda crear una situación en la que la tónica general sea la convivencia. A quien han matado a alguien de su familia sin más, no es posible que perdone, salvo algunos casos que incluso conozco, pero individuales y excepcionales, gente realmente cristiana por ejemplo. Eso no se puede pedir de uno en uno a quienes han sufrido. La paz no se construye como un ladrillo. A la hora de crear una nueva situación para la paz hay que lograr que la mayor parte de la sociedad esté dentro de un modelo cultural, social y político que permita la convivencia; si esa mayoría es capaz de llevar adelante eso, hará que toda la sociedad vida bajo esas pautas. Pero los que sufran, seguirán sufriendo, es inevitable. Pedir lo contrario es vivir en la luna. Sólo alguien con muy poca experiencia puede pensar que alguien puede perdonar a quien le ha hecho un mal irremediable”.

“Tengo una doble visión sobre la situación actual en Euskadi, la diurna y la nocturna. Mi visión diurna es buena, con una sociedad vasca con muchos lazos sociales de varios tipos, gran articulación y cohesión comparativamente con otras que he visto por ahí. Lo negativo radica entre los políticos: da la sensación de que no se han renovado mentalmente, no han vivido ni estudiado, no tienen cuadros… se dedican a leer los periódicos y no van más allá. Son políticos incapaces. La teoría es muy importante. La referencia utópica, una idea sobre la sociedad en su conjunto, ha desaparecido del mapa. La clase política no es competente. Los portavoces son como loros, repiten cuatro cosas de una fragilidad intelectual que me preocupa. Aquí en el país hace falta una idea cultural de cómo organizarnos y que todo el mundo se sienta en casa, que no haya extraños. Si hubiese un atisbo… pero es pedir peras al olmo. Esto es lo que me da pesimismo”.

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Acerca de RM1980

Rubén Madrid, periodista nacido en Madrid (1980), ejerce desde finales de los noventa. Tras sus estudios en la Complutense ha desarrollado labores de redactor en medios de Madrid, Murcia, Asturias y Guadalajara. Hasta mayo de 2012, fue jefe de la sección de Provincia en El Día de Guadalajara. En los últimos años ha colaborado en diversos medios como periodista freelance, ha recibido el Premio de Periodismo de Medio Rural de la APG y la Diputación por un reportaje en Cultura EnGuada, de la que fue fundador y colaborador habitual. Su verdadera vocación era ser dibujante de mapas. Actualmente está acabando los estudios de Sociología en la UNED. Ha recibido los premios Libertad de Expresión (2011 y 2015), Medio Ambiente Industrial (2011) y Medio Rural (2014) de la Asociación de la Prensa de Guadalajara. Ha desarrollado también labores de comunicación para festivales culturales de Guadalajara y en la Consejería de Cultura de CLM. En Twitter, @Rb_Madrid.
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