Análisis de la huelga: el postpartido

Un viejo proverbio periodístico dice que la información es la primera víctima de una guerra. Bien cabría extender esta aseveración a las huelgas. Ante una noticia de primer nivel, digna de tener un lugar de honor en las hemerotecas del día de mañana, los periódicos se pusieron al servicio de la propaganda. Como en una vil batalla. Los historiadores del mañana buscarán otras fuentes para hablar de este 29-M cuando vean el sonrojante maremagnum de ‘informaciones’ contradictorias entre unas cabeceras y otras.

Este bloguero, perdido como siempre en su atalaya, ha preferido dejar pasar un par de días para reflexionar sobre la huelga. No tengo capacidad para juzgar si la huelga fue un éxito o un fracaso rotundos, como algunos han sentenciado. Ni me creo tan importante ni he gozado de información veraz e independiente para poder decantarme. Apenas tengo unas impresiones: grandes empresas paradas, pequeñas empresas donde los huelguistas eran excepción, algún comercio más abierto que cerrado y muchísima gente en las manifestaciones (los parados no podían parar, ¡qué absurdo!, pero sí protestar). Poco más.

¿Un éxito o un fracaso? Para los encargados de reflejar la realidad al día siguiente en los quioscos, de indagar en la verdad (esto diferencia el periodismo del Twitter) y de dar una visión global a la opinión pública, el juicio estaba visto para sentencia de antemano. Por eso quienes querían convertir el 29-M en el fracaso que marcaban sus prejuicios, buscaron durante todo el día con el zoom la foto de los enfrentamientos entre piquetes, que sólo refleja un aspecto singular y esporádico de lo que ocurrió; mientras que quienes decidieron que sería un éxito rotundo, abrieron el gran angular desde su balcón para invadir las plazas públicas con la marea obrera.

La reforma laboral y la huelga general son dos hechos de la realidad social con suficiente entidad para desvincularlos de los debates tabernarios típicos de la resaca de un Real Madrid-Barça. La espectacularidad de los enfrentamientos en el campo y en la rueda de prensa entre Mou y Pep, Pep y Mou -tanto monta- no son trasladables al análisis de un fenómeno social de tal envergadura como la huelga del jueves. No podemos dar por sentado que los prejuicios políticos cieguen como los colores de la hinchada.

¿Fue un éxito o un fracaso la huelga general? ¿Fue secundada por más trabajadores que otras o por menos? ¿Se pararon las ciudades, los pueblos y los polígonos? ¿Hubo un clima de enfrentamiento generalizado? ¿Trabajó quien quiso y paró quien también quiso? ¿Cuánta gente -de verdad- hubo en las manifestaciones de todo el país? ¿Qué sectores están siendo especialmente sensibles al rechazo a la reforma laboral? ¿Por qué no se hace un referéndum para acabar con interpretaciones sesgadas y dejar que la población opine abiertamente, sin coacciones de unos u otros, sin reproches mutuos y con una indudable capacidad para medir el clima social?

Son estas las preguntas que casi nadie intentó contestar al día siguiente. Las portadas de los periódicos estaban hechas el día anterior y sólo faltaba la foto (con zoom, con gran angular) que reforzase el mensaje premeditado. Si el mismo 29-M amanecieron rotativos absolutamente panfletarios (caso de La Razón con su ‘Trabaja por España’), al día siguiente el ciudadano que se acercó al quiosco sólo pretendía confirmar sus prejuicios del día anterior, porque, con salvadas excepciones, la información fue la primera víctima de esta guerra de propaganda. Si ganaron los sindicatos o la patronal, el Gobierno o la oposición, nunca lo sabremos. Lo que es seguro es que con la cobertura de los hechos perdió la opinión pública.

El deshonesto despliegue periodístico del día 29 resultó por lo general una falta de respeto hacia quienes de forma juiciosa y meditada decidieron ir o no a trabajar y cuya actitud importó muy poco a quienes se consideran dueños y señores de la realidad social. El periodismo exige una mirada limpia.

PD: A continuación dejo algunas muestras de portadas que ilustran algunas de las cosas dichas hasta ahora y otras que, sencillamente, nos dejan sin palabras. Compruebe el lector el vavalioso servicio que presta el periodismo de altura español a la sociedad con portadas como las siguientes. Verán, no obstante, que hay alguna honrosa excepción.

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Acerca de RM1980

Rubén Madrid, periodista nacido en Madrid (1980), ejerce desde finales de los noventa. Tras sus estudios en la Complutense ha desarrollado labores de redactor en medios de Madrid, Murcia, Asturias y Guadalajara. Hasta mayo de 2012, fue jefe de la sección de Provincia en El Día de Guadalajara. En los últimos años ha colaborado en diversos medios como periodista freelance, ha recibido el Premio de Periodismo de Medio Rural de la APG y la Diputación por un reportaje en Cultura EnGuada, de la que fue fundador y colaborador habitual. Su verdadera vocación era ser dibujante de mapas. Actualmente está acabando los estudios de Sociología en la UNED. Ha recibido los premios Libertad de Expresión (2011 y 2015), Medio Ambiente Industrial (2011) y Medio Rural (2014) de la Asociación de la Prensa de Guadalajara. Ha desarrollado también labores de comunicación para festivales culturales de Guadalajara y en la Consejería de Cultura de CLM. En Twitter, @Rb_Madrid.
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